Rincón mágico de la Patagonia

Es imposible pasar por este lugar y no quedar sorprendido. La historia de Hueney encierra mucho más que sus veintidós años de vida. Se ha transformado en un reducto mágico, abierto a dramaturgos y teatristas que nos visitan, pero es también una formidable pista de lanzamiento. Cientos de obras de teatro de autores argentinos salen mensualmente a muchos lugares del país y de varios países extranjeros.

Los dramaturgos que resultan seleccionados en nuestros concursos de teatro de humor, se ven de pronto embarcados en la hermosa experiencia del Festival Nacional de Teatro de Humor. Casi sin reponerse de ello, encuentran el Libro editado con sus obras, que se distribuye de manera eficiente a todo el país y varios países americanos, distribución que realiza la propia Biblioteca junto con el Instituto Nacional del Teatro.

Imaginé el Proyecto Hueney durante el año 1999, lo implementé al año siguiente, convocando al Primer Concurso Nacional de Teatro de Humor. La Biblioteca era ya una Institución muy conocida en toda la Argentina, participaron unos 60 dramaturgos en su gran mayoría de Buenos Aires. Al ser un emprendimiento independiente y unipersonal carecía de recursos para ofrecer buenos premios en dinero. Se me ocurrió entonces integrar los modestos “premios” con un paquete que incluyera: traslados hasta Zapala y San Martin de los Andes, paseos turísticos a nuestra cordillera, homenajes a los ganadores, regalos, artesanías, recuerdos, que disfrutaran de una estadía plena de cordialidad y sorpresas, con una buena mesa a su disposición y dentro de ese marco, poner en escena las obras ganadoras hechas por teatristas neuquinos y también editarlas.

El proyecto comenzó a crecer vertiginosamente. Además del estímulo que significaba para los dramaturgos, posibilitò a los grupos regionales que pusieran una obra en escena y la tomaran como proyecto teatral con su consiguiente “salida laboral”.
Casi de inmediato se agregó organizar talleres en diversas disciplinas teatrales, con el “humor•” como epicentro. Para cumplir con aquello contaba con la apoyatura del Grupo Teatral Hueney, del que fui fundador en el año 1984 y salí a pedir apoyos a diversas instituciones. Así, el Instituto Nacional del Teatro, Fundación Somigliana, Argentores, prestaron su apoyo y también, las direcciones de cultura de la región.

El resultado fue notable. Rápidamente se extendió por el país el “reporter” de lo acaecido en Zapala ese primer Festival, en abril del año 2001.
Y la respuesta llegó con cada nueva convocatoria. En el último concurso de humor durante el año 2006, se presentaron 180 obras desde 19 provincias argentinas.
Y entre el 18 y el 22 de abril pasado se realizó el Cuarto Festival Nacional de Teatro de Humor, en tres ciudades Neuquinas, Zapala (tres días) Junin de los Andes (dos días) y San Martin de los Andes (dos días); Ya estamos abocados a la edición del libro que contendrá las ocho obras ganadoras del concurso 2006 (hay nota aparte del concurso y del festival);

Al finalizar su cuarta edición del Concurso y su correspondiente Festival,(año 2007) la Biblioteca cuenta con unas 400 obras del género: “Teatro de Humor” que ha incorporado a su índice, (de casi 15.000 títulos actualmente) -escritas para los Concursos Nacionales-, que están a disposición de todos los teatristas que las requieran.
Los tres libros de Teatro de Humor editados han conseguido que muchas de las obras publicadas en ellos, se pusieran en escena en varias provincias argentinas. Y que varias de ellas traspusieran nuestras fronteras y se estrenaran en otros países.

El proyecto Hueney entonces ha logrado un nivel destacado en el contexto de los eventos teatrales nacionales. Gran parte de tal resultado radica en que todos saben con seguridad que se cumplirá con lo prometido, totalmente.

Obviamente este espacio, ubicado en Zapala (Neuquén) exige una permanente atención. La biblioteca es un implacable engranaje que está en permanente movimiento y no puede detenerse. Es imposible mensurar ese nivel de exigencia hasta que no se la visita.
Porque además no es sencillo asimilar que “alguien” pueda dedicarle muchas horas diariamente sin más recompensa que la satisfacción por el compromiso moral cumplido, llevado hasta los límites de la entrega personal.

De modo que las reacciones humanas ante esa constatación derivan en tan diversas como maravillosas actitudes. Dije reacciones humanas… no incluyo, es claro, reacciones institucionales, porque las Instituciones responsables de la Cultura, no visitan* la Biblioteca Hueney y en consecuencia desconocen en profundidad su quehacer.

Así es que tengo veintidós años de mi vida disfrutando de estas reacciones humanas que me sorprenden, conmueven, gratifican, me oxigenan y comprometen a seguir en la lucha.

Desde una provincia siempre alguien manda una encomienda con libros de teatro en donación, otro por allá me envía una simpática “brújula” para que no pierda el rumbo, unos grupos de la costa atlántica me invitan a usar unos días de su gentil hospedaje, otros, varios, se largan a hacer “campañas de apoyo” para la biblioteca, escriben a Instituciones y se contagian de este accionar e impulsan pedidos solidarios, muchos, tantos, me escriben hermosas cartas plenas de reconocido afecto, desde Salta me llegan cd., de música de regalo, desde uno y otro lado presentes de la más variada índole, todos impulsados por el afecto y el agradecimiento; por los pagos de Mendoza la gente del Trinidad Guevara inaugura una biblioteca y le ponen mi nombre; otros escriben artículos para diversos diarios, contando, hablando de esta “enorme quijotada” que es la Hueney, muchos ofrecen ayudar en lo que haga falta, no faltan propuestas para producir espectáculos a “beneficio” de la Biblioteca, ni tampoco quien se larga desde cualquier provincia, juntando pesitos para el viaje y decide que ese año su cometido será conocer la Hueney, ni faltan quienes depositan “objetos” de la historia teatral argentina, o envían dibujos hechos especialmente, ó fotografías, ó libros de esos que ya no se consiguen.

La  Biblioteca insume un gasto mensual de mantenimiento que ronda o supera (a mayo de 2007) los pesos Dos mil. El Instituto Nacional de Teatro subsidia con un aporte mensual que, la estructura oficial del Ente hace que llegue siempre con muchos meses de atraso. Argentores también subsidia mensualmente a la Biblioteca y su organización institucional permite que el aporte llegue puntualmente. La suma de ambos cubre solo un 50% de sus gastos reales.

Otras Bibliotecas especializadas en Teatro surgieron en la Argentina luego de la consolidación de Hueney. Con ellas trabajamos mancomundamente. Me refiero a la Biblioteca Teatral Mediza de La Plata, la Biblioteca Santa Fe, de la ciudad de Santa Fe, del Sudeste Cordobés de Inriville (Cba) y la Biblioteca El Público de Resistencia (Chaco). Nos nutrimos mutuamente y extendemos los brazos para ayudarnos y acercar el país. En las gentes de esas Biliotecas prima la misma impronta de prepotencia de trabajo, de solidaridad y de amor por el teatro argentino. En el último año, han aparecido nuevos proyectos de otras Bibliotecas que están consolidándose para trabajar en el mismo sentido.

En este momento tratamos de conseguir que el Instituto Nacional del Teatro reglamente una forma efectiva de asistir a las Bibliotecas Teatrales Argentinas y cumpla con el artículo 21 de la Ley 24800 que dice textualmente: Los recursos del Instituto Nacional del Teatro tendrán las siguientes finalidades: inc. e) “Equipar centros de documentación y bibliotecas teatrales, nacionales y zonales”.

Si convenimos que el mundo de lo teatral, en tanto persigue el éxito artístico es solidario “superficialmente” , pero real y profundamente egoísta en esa puja que desgrana divismos, vanidades y numerosas debilidades, parece claro el contraste con una actividad como la de dirigir una biblioteca. Los bibliotecarios no opacamos ningún desarrollo artístico, no competimos con nadie, nuestra vida es “servicio”.
Hallo justamente en tal fuerte contraste aquéllas reacciones, que antes relatara.

Y por supuesto que  no es patrimonio exclusivo de la Biblioteca Hueney.
Maricel Beltran, Mariela Mirc (Mediza – La Plata); José Montiel (Santa Fe); Luis Lucaioli (Inriville); la gente de Biblioteca El Público de Resistencia, de las otras bibliotecas que están naciendo, saben bien de lo que hablo.

Por eso se entiende que en el Tercer Festival de Teatro de Humor , (2005) las chicas de la Mediza se vinieran varios días antes a Zapala para ayudarme en la organización del Festival. Que este año, José Montiel, 18 días antes de comenzar el Festival llegara a Zapala y se pusiera a trabajar a mi par; que Luis Lucaioli, tres días antes hiciera lo mismo. Que en Zapala se formara una Comisión Organizadora para ayudar –de onda-, que en San Martin de los Andes y Junin de los Andes se formara una Comisión de Apoyo para colaborar con el Festival.

Unas treinta personas, trabajando sin fines de lucro para ayudar a coronar esta aventura utópica, un festival con trece espectáculos diferentes, veinte funciones, tres ciudades, cinco talleres de teatro, una verdadera fiesta sin competencias, un encuentro de hacedores del teatro para profundizar sus temáticas, para crear nuevos lazos, propuestas, llevar obras a escena, intentar proyectos en común y comulgar en una enorme fiesta, no se obtiene de casualidad. Hay allí una respuesta a un fenómeno que necesita una especial atención de los organismos responsables del teatro argentino, sentimos que merece que desde ellos “baje” el mecanismo de asistencia necesario para garantizar su continuidad,y asistencia en tèrmino; que no debamos ser nosotros los que permanentemente debemos ir tras esa obtención, sencillamente porque resulta muy desgastante, y más sencillamente porque no nos queda tiempo. Todo el tiempo que disponemos lo utilizamos para producir comunicación con el teatro argentino, difusión de su dramaturgia, edición de obras de autores nacionales, encuentros, talleres, mucho más.

Nos gustarìa obtener algo asì. Por ahora parece utòpico.

Zapala (Neuquén) Mayo/2007 – Hugo Luis Saccoccia

* Como toda afirmación, tiene sus excepciones, en enero 2002, la Escritora y Dramaturga Beatriz Mosquera (miembro de la Junta Directiva de Argentores) visitó la Biblioteca y se interiorizó de su funcionamiento. Y en noviembre de 2006 hizo lo mismo el Dramaturgo Rafael Bruza, miembro del Consejo Ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro. Ambas Instituciones apoyan y subsidian a la Biblioteca Hueney.


 
 
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