Hueney, por Luis Saez

"De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa; el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación".
JORGE LUIS BORGES 

Y el teatro? Qué cuerda sensible del hombre busca extenderse cada vez que se descorre el telón? Qué sexto o enésimo sentido laten y palpitan cuando la catarsis convierte a personajes y público en alma colectiva y vibrante? Dónde queda la verdad? Será posible adivinarle la forma o el domicilio legal?

De estas incertidumbres se alimenta el artista para combatir el fantasma de la página en blanco y también, sospechamos, el Juez Sacoccia para llevar adelante uno de los proyectos más insólitos e inefables que hemos aprendido a querer como hijos propios en esta época de dinero plástico y realidades virtuales.

Por lo demás, a Sacoccia no parecen preocuparle los horizontes de su utopía hecha realidad; será por eso que a lo largo de las sucesivas ediciones del Concurso Nacional de Teatro de Humor que viene organizando a todo pulmón y corazón, el número de participantes se ha ido multiplicando de manera asombrosamente regular: Entre la primera y la cuarta edición (2000 a 2006), aumentó de 60 a 180 la cantidad de dramaturgos que nos animamos al desafío de escribir (o intentar hacerlo) Teatro de Humor. Tal vez por esas mismas sin-razones Don SacCoccia, animado por su querida y polentosa Emilia, comenzó hace veintipico de años su periplo teatrero recopilando unos trescientos textos de autores nacionales y extranjeros, para hacer (cuándo no) una gauchada allende los mares, y hoy atesora y distribuye por el mundo unos quince mil, sin incluír en el recuento textos técnicos y teóricos que engrosarían la cifra hasta transitar el límite mismo de la jactancia, palabra con la que Saccoccia, cultor infatigable de la humildad y el bajo perfil, nunca se llevó bien.

También por esa misma razón es posible que le cueste "sacar tema" cuando de exponer pergaminos se trata. Van algunos:
1998: Diploma-Testimonio de Agradecimiento del Instituto Nacional del Teatro y Diploma de Honor de la ADEA, Asociación de Escritores Argentinos, Salta.

2001: Distinción Especial Argentores por la difusión del autor argentino.
2003: Plaqueta testimonio de reconocimiento del Honorable Concejo Deliberante de Chos Malal, Premio “Teatro del Mundo”, de la Universidad de Buenos Aires y Estatuilla distinción Secretaría de Cultura de Zapala, Nequén.

2004: Premio Nacional Argentores; Plaqueta “Enrique García velloso” por la difusión del teatro argentino.

Sin incluír en el recuento las decenas de cartas y mails diarios y mensuales que recibe y jamás deja de responder y que van desde pedidos de textos hasta consultas de investigadores teatrales de todo el país y hasta de otras latitudes, agradecimientos, felicitaciones, más invitaciones, más felicitaciones y sinceros agradecimientos por la labor llevada a cabo, labor que contribuyó grandemente en estos años a la difusión y representación del valioso material atesorado en la Biblioteca, incluídas desde luego las obras participantes en el Concurso de Teatro de Humor. Y por no mencionar tampoco que la Biblioteca funcionó y funciona gracias al esfuerzo personal de Don Sacoccia (que dispuso de su propia casa para trazarla y montarla, y de su propio bolsillo para abastecerla, hasta que en los últimos tiempos el Instituto Nacional del Teatro y Argentores se hicieron eco de su esfuerzo y sumaron su aporte).

Pero donde los alcances de Hueney no parecen conocer límite es en lo que vendrá, mucho más que en lo "ya venido". Veamos: para la inminente presentación de los textos ganadores de la edición que nos ocupa del Concurso Nacional de Teatro de Humor, Don Sacoccia y sus eficacísimos colaboradores tienen previsto aumentar (cuándo no) el número de sedes donde se presenten las obras ganadoras, y por extensión la participación de elencos y teatristas invitados que, no está de más recordarlo, en su calidad de tales no desembolsan (no desembolsamos, nobleza obliga) un solo centavo por participar y disfrutar de esta suerte de milagro extra-baires. Porque todo esto ocurre (vale la pena mencionarlo, aun por lo obvio) mas allá, mucho más de la Reina del Plata. En un punto del tiempo y del espacio donde la magia del teatro le gana la pulseada a la globalización y a la politiquería y por una vez al menos reparte sonrisas en vez de mentiras y cosecha risas en vez de resignación.

Abril/07   Luis Alberto Saez


 
 
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